PsychoLove (1)


Repentinamente Sebastián me abofeteó, me lleve la mano al rostro y no pude evitar sonreír  - ¿Qué esperabas? – Aun traía esa sonrisa dibujada en mi rostro cuando él tomo mis manos y me llevó hasta el extremo de la sala para arrinconar me contra la pared - ¿Qué se supone que conseguirás con esto? – dije mientras observaba esa perturbación en su rostro.

- ¿Acaso eres alguna especie de monstruo? – me preguntó sin reparo mientras ejercía más presión sobre mis muñecas.

- Vaya, ahora soy un monstruo, pero quien te entiende – dije de  forma muy irónica, entonces respire profundamente para seguir hablando - ¿qué esperas conseguir con esto? ¿Qué llore? ¿Qué suplique? – seguía sonriendo irónicamente mientras pronunciaba cada frase. Miré directamente sus ojos y note que pese a la firmeza de su cuerpo él estaba muriendo de miedo. – y ¿ahora que harás? ya no hay nadie en mi departamento y creo que las personas que viven en este piso tenían algo como una reunión de vecinos.

- ¿No me tienes miedo? – Me Preguntó, mientras que yo notaba como poco a poco su respiración se iba agitando y parecía que desistiría de esta barbaridad – Odio que me mires de esa forma – gritó desesperadamente mientras que yo solo sonreía  – acaso no tienes ni un poco de miedo. – dijo de forma muy enérgica.

- No – dije de manera tajante – acaso no has notado que el que está muerto de miedo aquí eres tú – al oírme su rostro se tornó desencajado como si no hubiera comprendido mis palabras  -- bien, parece que no desistirás, entonces adelante haz lo que quieras, pero sabes que no conseguirás ni que llore ni que suplique  --- luego de decirle esto el me soltó y se alejó de mi para acabar por sentarse en el sofá.

- Me marcho, ya no tengo nada que hacer aquí --- dijo soltando un suspiro, podía tener un gran control y mucha autoconfianza, pero no quería retarlo porque sé que él podría lastimarme.

- está bien, cuídate --- dije mientras giraba el rostro para evitar mirarlo, él cogió su bolso y se marchó.

Cuando él se retiró el lugar quedó completamente vacío y en ese momento vi que ya había oscurecido, la noche nos llegó sin notarlo y todo por aquella discusión. Muchas veces he pensado en dejar que alguien ingrese a mi mundo, pero es tan difícil encontrar a alguien capaz de vivir con toda esa presión de estar cerca mio.

Había vivido largos años de mi vida de esta manera, el dinero  que heredé de mis padres me ayudaron a solventar mis gastos por lo que desde muy joven pude vivir de forma despreocupada. Hoy a mis  26 años soy la dueña de la corporación de mi madre y de las tiendas de mi padre. Las personas cercanas a mi dicen que soy una persona muy alegre y bastante sensible, pero en cuanto les doy la espalda tienden a tacharme de engreída y vanidosa. Es muy complicado mirar al mundo y decir la verdad aún más cuando ya has descubierto la hipocresía de la existencia humana.

Hace algunos meses empecé a salir con Sebastián, poco después de que él descubriera la enfermedad que tenía, el decidió permanecer a mi lado recuerdo muy bien lo que le dije en aquel momento “el día que pueda decirte que te amo créeme que lo haré de corazón, no me pidas algo que no podre darte, no ahora, porque aunque sea algo extraño para mí, no me imagino que sería si te alejas de mi lado”, a lo que él solo respondió diciendo que me quería a pesar de todas las cosas que me pudieran estar pasado. Tal vez ahora él tiene razón ya que en ese instante solo mentí porque mi razón me lo permitía pero ahora poco a poco mi mente me permite manejar mejor  mi vida de tal forma que aprendí a vivir en está jungla llamada vida.

A la mañana siguiente al despertar noté que el departamento quedo hecho un total desastre pero no tenía tiempo de acomodarlo, tenía una reunión importante en la compañía.

Salí como es costumbre muy apurada y con la esperanza de que realmente todo los papeles estén en el auto, en el camino llamé al servicio para que me reordenaran el departamento.

Aún la discusión de anoche me dejó pensativa. La forma en la que él se desesperó, la fuerza sobre mis muñecas, me detuve ante un semáforo, mire mi manos y toque mi rostro, realmente me había lastimado pero inexplicablemente luego de mucho tiempo sentí dolor.

Ese día transcurrió como cualquier otro, las cuestiones de la empresa marchaban como se esperaba y la junta de directores fue todo un éxito. Al regresar al departamento ya todo estaba en orden y no quedaban rastros de lo que ocurrió la noche anterior cuando Sebastián quiso venir a verme por que se enteró que tenía una reunión de amigos en casa y terminamos discutiendo porque volvió a reclamar cosas como “no te interesas por mí en lo más mínimo” o “ya estoy harto de estar siempre para ti pero no pareces notar ni mi existencia”, él solía decir eso cuando me veía divertirme con otras personas.

Muchas veces he llegado a pensar que él realmente no comprendió la clase de persona que soy; mientras yo divagaba sonó el timbre del departamento. Abrí la puerta y vi a Elena, ella era amiga mía de la infancia y pese a ello no estaba enterada de mi problema.

- Hola – dijo ella muy cortésmente.

- Hola Elena -- dije y la abrace, tenía la costumbre de hacer esto desde pequeñas.

- Vaya, Sebastián me dijo que volvieron a discutir – dijo mirándome muy preocupada.

Ella era una persona que había permanecido cerca de mí desde la infancia pero hubo un tiempo en el que nos separamos y ella no supo que paso conmigo, siempre he sabido actuar muy naturalmente así que nadie notó lo que realmente está mal en mí.

- Bueno, tú conoces a Sebastián y sus celos enfermizos,  solo fue un ataque de celos y yo… bueno creo que  reclamé cosas que no debía – me cubrí con las manos el rostro como si fuera a llorar, era la situación perfecta un arrepentimiento oportuno y de nuevo ella estaría de mi lado.

- Sabes que te entiendo, solo espero que Sebastián cambie esa conducta, porque de seguir así su relación terminará – dijo y me abrazo fuertemente.

- eso espero – dije con las voz ronca, mientras respiraba muy lentamente. Ese pequeño acto bastó para convencerla de que solo fue una pelea típica entre nosotros. Luego de un par de horas ella se marchó.

A veces llevar está vida me resultaba algo aburrido, era muy monótono, el trabajo, “los amigos” y mi novio. Tal vez el que hacía que este juego sea más interesante era él, mi novio.

Esa noche no pude dormir.


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